La producción de alimentos y bebidas genera grandes volúmenes de aguas residuales que contienen aceite, materia orgánica y sólidos en suspensión. Estas aguas residuales, que se originan en los procesos de limpieza, enjuague, mezcla y llenado, suelen tener una alta concentración, ser inestables, aceitosas y propensas a tener olores y corrosión, lo que exige equipos higiénicos y resistentes a la corrosión.
- Alto contenido de aceite que provoca depósitos en tuberías y equipos.
- Carga orgánica pesada (alta DQO/DBO) que requiere control de olores y bacterias.
- Composición compleja con sólidos en suspensión, proteínas, azúcares y grasas que exigen procesos de tratamiento flexibles.
- Estrictas normas de higiene y seguridad de los materiales, exigiendo frecuentemente acero inoxidable 304/316.